Una
fuerte experiencia de Dios, entrando en la belleza de la contemplación y
descubriendo la importancia del silencio como la puerta a la interioridad.
Experiencia inolvidable. El fin de semana del 7 al 9 de marzo, al comienzo de
la Cuaresma, nos reunimos en la Casa de Espiritualidad de Santa María de las
Mogarizas (Chiclana) 28 personas muy diversas, religiosas, vírgenes
consagradas, seglares, jóvenes, adultos y mayores. Impactante el testimonio de
una joven, casada, con una enfermedad crónica que había que ayudarle al andar
para desplazarse de un lugar a otro, en continuo dolor y una sonrisa en su
rostro. Como una hoja seca que en el otoño cae del árbol y se balancea hasta
caer suavemente sobre el suelo, así esta hermana, mientras silenciaba su cuerpo
y se identificaba con esa hoja, sintiéndose pobre y débil, caía en las manos de
Dios, desapareciéndole el dolor y descansando en Dios. Dos hermanas religiosas
keniatas nos elevaban con su canto angelical y su ternura y bondad derramada
durante todo el retiro sobre esta joven enferma. Un silencio profundo reinaba
en todos nosotros, una búsqueda de Dios incesante, una lucha con nosotros
mismos, un verdadero combate espiritual en nuestro deseo de conversión.
En el silencio no había otras voces, sólo su Voz y su Presencia que era
más fuerte que la nuestra, todo envuelto en un halo de santidad, de inmenso
amor, fuimos tocados y ungidos por el Espíritu. Un buen comienzo para
adentrarnos en la Cuaresma, en busca de la santidad y entrega a los hermanos.