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domingo, 21 de mayo de 2017

ORACIÓN: "Tu amor me sorprende, Dios mío"

 

 TU AMOR ME SORPRENDE,
DIOS MÍO

Señor, tú eres amor,
tu amor es un baño de misericordia para la humanidad,
cuando el cielo de nuestra vida se oscurece
tu amor es una estrella luminosa en nuestra noche,
cuánto amor hay en nuestro dolor,
cuánta vida en nuestra muerte.

Al contemplar la fuerza de tu amor,
veo mi debilidad, mi barro entre tus manos
y cómo el soplo de tu Espíritu me fortalece,
unido a ti valgo lo que amo,
solo el amor tiene palabra de vida,
solo el amor construye la ciudad de Dios,
solo el amor toca el cielo
y hace de nuestra tierra un trozo de cielo.

Cristo en mí, ama con mi corazón,
los sentimientos y emociones en gestos sencillos de generosidad,
bondad, ternura, humildad,
del que todo lo da porque el amor
es servicio y entrega a los más pobres,
a los que sufren, al enfermo y al pecador,
al ciego que no ve porque todavía no se ha encontrado contigo,
mi Señor, médico de nuestras almas.

Cuando el mundo se aleja de ti,
cuando tus sacramentos no son valorados,
cuando la gracia se pierde,
nuestra casa está en ruinas,
solo tú puedes abrazarnos y levantarnos,
hacernos Iglesia, hogar de santidad, templo de Dios,
y recuperar la belleza de quién vive en intimidad contigo,
en comunión porque tú te das como alimento
para ser comido y así quién te come vivirá por ti.

¡Cuánta belleza!
¡Qué ilusión soñar tu sueño,
ser lo que tú quieres que yo sea,
en fidelidad y perseverancia a tu proyecto,
en intimidad contigo en mi noche
porque sé que siempre estás ahí,
dentro de mí habitándome,
aunque los demás no comprendan ni vivan
lo que yo vivo en tu misterio de amor que me sobrepasa.

¡Gracias, mi Señor,
porque puedo contar contigo por toda la eternidad!
 
(Pbro. Lázaro Albar)

miércoles, 26 de abril de 2017

ORACIÓN: Caigo de rodillas ante Ti, Cristo Resucitado.




CAIGO DE RODILLAS ANTE TI,
CRISTO RESUCITADO

En el silencio de la noche sales a mi encuentro, 
yo te esperaba como cada día en mi soledad habitada, 
al son de trompetas te cantan los ángeles 
¡Aleluyas de resurrección!, 
mientras que yo aquí espero me lleguen las notas de tu amor, 
soy mendigo que llama cada día a las puertas del cielo y allí me esperas, 
en ese cielo que hay dentro de mí y fuera de mí, 
más allá de todo porque estás tras todo.

Corazón encendido, alegría celestial, 
la tierra se hace cielo, mi amor y tu amor se encuentran, 
Cristo Resucitado, vienes con tu soplo divino, 
cascadas de misericordia de agua clara y transparente 
exuberancia de tu amor vienes a bañarnos 
en el Lago de tu Divina Misericordia.

Y tú, Buen Pastor, llévame entre tus brazos 
para que yo pueda llevar a los demás 
a tus divinas fuentes de la aguas más vivas, 
claras y transparentes, 
y dame de beber en tus benditas manos 
lo que nadie puede darme.

Ya no soy porque eres tú, la vida de mi vida, 
eres mi Señor el icono del Padre, 
yo quiero ser tuyo, icono de tu rostro, a imagen y semejanza, 
en el amor y solo amor, 
entre las manos del Padre como barro modelable 
en las aguas bautismales que se renuevan cada día 
en las manos de Cristo y del Espíritu Santo, manos de Dios.

Oro de tu luz,  sol de tu rostro, 
llama de amor viva, siempre ardiente, 
iluminando y dando calor humano y divino, 
hazme de Dios, santo de corazón en tu tierra, 
humildad, silencio, caridad.

Y así mirándote y amándote, 
porque me miras amándome desde tu presencia eucarística, 
Santísimo Sacramento del altar, 
desde los pobres que sufren y que tantas veces caminan sin aliento, 
desde el enfermo dolorido en su monótona soledad, 
desde la comunidad que se reúne para celebrarte y alabarte 
porque estás vivo, lleno de amor y luz, de vida y gracia.

Sí, solo puedo caer de rodillas, en adoración, 
contemplando tu fuerza y tú poder, tu divinidad y humanidad, 
Cristo de mi alma, vives resucitado para resucitarme, 
vives resucitado para resucitarnos, 
a ti sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
 
(Pbro. Lázaro Albar)

martes, 11 de abril de 2017

ORACIÓN: "Ten misericordia, Dios mío, soy pecador, somos pecadores, mi mayor humildad es reconocerlo."

 
TEN MISERICORDIA, DIOS MÍO,
SOY PECADOR, SOMOS PECADORES,
MI MAYOR HUMILDAD ES RECONOCERLO

Cada vez que me siento en el confesionario ...
se abren las puertas de la Misericordia divina,
un mar de inmensa compasión y belleza de amor me embriaga,
perfume del amor más sublime, es la llamada a la santidad.

Viene el pecador hundido, pobre de Dios y pobre de corazón,
con sus manos manchadas y colmadas
de miseria y de sentimientos de culpabilidad,
pero solo el arrepentimiento lo levanta,
mirar nuevamente a los ojos de Jesús y sentirse amado con locura,
la locura de la cruz que todavía va impregnando de redención y salvación,
y así de generación en generación.

En el confesionario brota una fuente, un manantial de agua viva,
agua de misericordia y perdón para dar de beber a los sedientos,
a los que se han perdido o han quedado heridos,
ahí se reorienta caminos, se aconseja dónde está la luz para el ciego que no ve,
para el sordo que no sabe escuchar, para el mudo que no puede hablar,
pero todo cambia, todo se transforma cuando humildemente
caemos de rodillas y gritamos: «¡Señor, ten misericordia de mí!».

Al atardecer de cada día, cuando el sol ya se pone y aparece la noche
el corazón se recoge en su interior para ver con ojos de misericordia el día transcurrido, viendo lo que se ha avanzado, lo que falta por hacer, los fracasaos,
los pecados cometidos y tantas otras cosas de nuestra relación con Dios,
con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos,
a modo de examen de conciencia para proseguir el camino dela santidad.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! ¡Ten misericordia de mí!
Nuestra Iglesia se siente pobre, necesitada de ti,
de tu misericordia y perdón y la presencia de tu Espíritu Santo, Dios mío,
atravesando las cañadas oscuras, las tribulaciones,
entre derrotas y logros, entre tristezas y alegrías,
como la vida misma siempre en los altibajos
pero conquistando las cumbres del más alto amor.

Misericordia, perdón, Señor mío y Dios mío,
de tu mano voy hacia dónde tú me lleves,
a veces sin saber y sin comprender,
en gesto de humildad, valentía y amor.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 
(Pbro. Lázaro Albar Marín)

jueves, 6 de abril de 2017

ORACIÓN: "Mi Señor, restaúrame, restáuranos".


MI SEÑOR, RESTÁURAME,
RESTÁURANOS

En la ermita de San Damián de la aldea de Asís
Francisco escuchó la voz de Cristo que le decía:...
«Francisco, mi casa está en ruinas, ¡levántala!, ¡restáurala!»,
y Francisco abrazando al Cristo de san Damián lloraba por la Iglesia.

Aunque mi casa esté en ruinas,
aunque ya no haya ni puertas ni ventanas,
aunque todo esté derruido como si hubiera sido asaltado,
tu amor, mi Señor, puede reconstruirme de nuevo.

Aunque mi templo interior esté en ruinas,
sé mi Señor que la oración santifica todo,
limpia el corazón, deja todo más ungido de tu presencia
hasta hacer de mi interior un templo consagrado para ti.

Aunque tu casa esté en ruinas,
aunque ya solo respires el aire contaminado,
aunque sientas la soledad y el vacío,
el Señor puede levantarte hasta que alcances el cielo.

Aunque tu templo interior se desvanezca,
aunque te asalten mil tentaciones,
aunque a veces no encuentres salida,
no pierdas la esperanza porque el Señor siempre está junto a ti extendiéndote la mano para levantarte y ayudarte a caminar.

Aunque nuestra casa esté en ruinas,
nuestra Iglesia se encuentre sin techo ni campanario,
sin puertas y sin ventanas,
trozos de altar y una cruz con Cristo roto,
con la ayuda del Espíritu Santo
todo puede reconstruirse y mejorarse.

Aunque nuestro templo interior desfallezca,
basta empezar de nuevo,
unir nuestro corazón al de Dios en una oración constante
para que suba el aroma del incienso a las moradas celestes
donde nos esperan nuestros seres queridos,
los mártires y los santos, Santa María y la Santísima Trinidad.

Las ruinas dejan de ser ruinas cuando
amor y oración van de la mano,
mística y caridad se abrazan,
el éxtasis nos pone en salida hacia los más pobres,
los desheredados de la tierra,
aquellos que están a las puertas de nuestros hogares, casas e iglesias, y la vida se hace Eucaristía, sacrificio y compromiso,
entrega y servicio.

Mi Dios y Señor, levántame, levántanos,
y que tú amor resplandezca ahora y por siempre
por los siglos de los siglos. Amén.
 
(Pbro. Lázaro Albar)
 
 

ORACIÓN: "Junto a ti, Buen Pastor, Santísimo Sacramento, Santísimo Amor"



JUNTO A TI, BUEN PASTOR,
SANTÍSIMO SACRAMENTO, SANTÍSIMO AMOR
Una lluvia suave cae sobre la verde pradera del Buen Pastor, quisiera haber estado todo el día con...tigo en silencio y adoración pero hay tanta gente que necesita ser escuchada, amar es escuchar,
y eso es lo que hoy he podido hacer escuchar amando,
escuchar orando, escuchar acogiendo, escuchar, escuchar.
Escuchar los silbos amorosos de mi Buen Pastor,
sí, «habla Señor que tu siervo escucha»,
desde el Santísimo en la Capilla eres Manantial de Amor
en la verde pradera donde descanso a tus pies,
para beber de ti, de tu Espíritu, de tu Santidad,
de esa agua pura y cristalina, agua de tu amor
en el silencio de Dios.
A tus pies, alfombra de blanca nieve,
pureza del alma que se arrodilla como fiel discípulo
a los pies del Maestro, mirando y escuchando
en esta humilde escuela, escuela de oración.
Oración que une el cielo con la tierra,
a mí con mi Dios en lazos de amor,
como incienso agradable de humanidad, intimidad, fraternidad,
Santidad, llama de amor, fuego del Espíritu,
zarza ardiente en la pradera de Dios,
y yo ahí, amando y descansando,
dormido y despierto, amando y soñando,
en medio de la noche ya no hay luna,
solo hay Sol, ese Sol que eres tú, mi Luz, mi Señor.
Y así en medio de la noche solo puedo decirte:
«te amo, aunque no sepa amarte, te amo como sé amarte»,
y en mi interior también escucho tu voz que me dice:
«yo también te amo, siempre te amé»,
entonces siento cómo mi corazón se ensancha
y quiere llegar a todos en ese amor que abraza al mundo
para salvarlo, dignificarlo, ensalzarlo, mundo transfigurado,
tu Reino, tu amor, mi Señor y mi Dios. Amén.

(Pbro. Lázaro Albar)