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sábado, 18 de marzo de 2017

ORACIÓN: CRISTO VIVE EN MÍ.



TÚ VIVES EN MÍ

La vida sin Dios perece,
la vida con Dios amanece.
...
La vida sin Dios es vacío,
la vida con Dios es plenitud.

La vida sin Dios es insatisfacción,
la vida con Dios es felicidad.

La vida sin Dios es monólogo,
la vida con Dios es diálogo.

La vida sin Dios es abismo,
la vida con Dios es confianza.

La vida sin Dios es vértigo,
la vida con Dios es oración.

La vida sin Dios es soledad,
la vida con Dios es compañía.

La vida sin Dios es egoísmo,
la vida con Dios es amor.

La vida sin Dios es individualismo,
la vida con Dios es fraternidad.

La vida sin Dios es violenta,
la vida con Dios es paz.

La vida sin Dios es ruptura,
la vida con Dios es armonía.

La vida sin Dios es pecado,
la vida con Dios es gracia.

La vida sin Dios es infierno,
la vida con Dios es cielo.

La vida sin Dios es ruido estridente,
la vida con Dios es música melódica.

La vida sin Dios te arroja al abismo,
la vida con Dios te arroja a los brazos de Dios.

Todo contigo, mi Señor, y nada sin ti,
porque solo quiero servirte y amarte,
contigo alcanzo el cielo y la gloria,
sin ti muero que me muero.

Contigo en la noche el cielo se ilumina,
sin ti todo es oscuridad.

Tú mi Señor, eres la razón de mi vida,
el sentido de mi existencia
y todo por amor a ti se convierte en amor a todos,
en silencio de amor, en palabras de amor,
obras de amor que son frutos de amor,
porque tú vives en mí. Amén.

(Pbro Lázaro Albar)

martes, 7 de marzo de 2017

RESEÑA RETIRO: NACER LA VIDA EN CRISTO


LA FRATERNIDAD VELAD Y ORAD DEDICÓ SU RETIRO DE MARZO AL DIÁLOGO DE JESÚS CON NICODEMO ( Por Pbro Lazaro Albar)

 El pasado fin de semana 27 personas participaron del retiro con el que la Fraternidad Velad y Orad ha empezado la Cuaresma, Nacer a la vida en Cristo, inspirado en el diálogo de Jesús con Nicodemo. Resonaba en nuestro interior las palabras del Señor «El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios», «El que obra la verdad se acerca a la luz».

Ha sido una gracia de Dios poder profundizar sobre nuestras raíces bautismales y la espiritualidad que brota de ella, salir renovados y renacidos para una nueva vida revistiéndonos de Cristo nuestro Señor, porque quien pone a Cristo en el centro de su vida no pierde nada, se hace libre, hijo de la luz y de la salvación, y al mismo tiempo hermano del amor divino. Basta con mirar a Cristo y contemplarlo en su belleza de bondad, ternura y misericordia para que se encienda nuestro corazón y así sentirnos más misioneros del Reino llevando la luz de Cristo a los que viven en la oscuridad. Las tinieblas de este mundo colmadas de injusticias, violencia, guerras, masacres, hambre, explotación y mucho más, no nos deja indiferentes. Los cristianos estamos llamados a dar una respuesta de amor como miembros que somos del Cuerpo Místico de Cristo.

Los que asistían por primera vez a este retiro organizado por la «Fraternidad Velad y Orad» han salido radiantes, con mucha paz y alegría para continuar el camino hacia la Pascua con deseos de orar y amar más.
 

miércoles, 1 de marzo de 2017

ORACION: Cuaresma, ¡Qué sé yo!



CUARESMA, 
¡QUÉ SÉ YO!

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
la injusticia de la guerra de Siria, Irak, 
el terrorismo islámico que salta de un lugar a otro 
en sorpresa dolorosa en una calle muy habitada, 
en una discoteca, en una plaza y qué sé yo.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
el frío y las heladas de los campos de refugiados, 
la terrible inmigración, los mares de cementerios humanos 
que acaban con la vida de los que huyen de la guerra o del hambre, o de qué sé yo.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
niños que han atravesado desiertos para llegar a Libia 
y luego han sido maltratados, deambulando por las calles, vendiendo su cuerpo a la prostitución 
como único medio de sustentación, 
qué horror y qué sé yo.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
el espantoso hambre en Sudán, Etiopía, cuerpos famélicos, 
niños de ojos grandes que miran qué sé yo 
si al cielo o a la tierra, sí a ti o a mí, 
esperando una respuesta de compasión.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
escondido tras el carnaval de la vida, 
disfrazando el vacío del hombre, la injusticia de la corrupción, 
de los propios intereses a precio de qué sé yo, 
poniendo la risa o la carcajada donde solo hay muerte y dolor.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
la venta de armas, el trato de blancas, o de esclavos o esclavas, 
qué sé yo, niños utilizados como soldados para la batalla 
cuando no han aprendido ni a leer ni a escribir, 
pueblos masacrados, sin puertas ni ventanas,
y las grandes ciudades con sus rascacielos 
que caen como castillos de naipes, qué sé yo.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
y vergeles convertidos en desiertos,  
tierras agrietadas por la falta de agua, 
bosques inmensos talados, contaminación, cataclismos, 
la naturaleza en rebeldía contra el ser humano 
que no le importa nada, ni la vida ni la muerte, 
ni Dios ni la humanidad, ni la salvación ni la condenación, 
ni qué sé yo.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
y así podríamos seguir escribiendo ríos de sangre, 
de angustia, de soledad, de injusticias, de horror, espanto nocturno, sin sol ni luz, de un mundo de locos, sin paz ni amor, 
estallido de bombas porque no se ama al Amor, 
al Cristo de mi vida que junto a María llora a los pies de la cruz, porque sigue crucificado por la soberbia humana, 
la envidia, el odio, la lujuria, la gula de unos y él hambre de otros, 
y qué sé yo.

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
cómo podré dormir las noches en paz sin dolor ni oración, 
porque el mundo grita al cielo y mi Dios al corazón, 
a ver si el hombre cambia en esta Cuaresma, 
en este verano o invierno, 
en esta Semana Santa o qué sé yo.

Oh mi Señor, solo puedo acogerme a tu misericordia y a tu perdón, que el alma humana muere cuando no tiene a Dios, 
que la vida se va en la angustia y desolación si no se mira a la Cruz  y a tanto amor de Cristo crucificado 
para nuestra salvación y qué sé yo. 

Hay un llanto desconsolador y un silencio estremecedor, 
pero hay esperanza para todos los que buscan la salvación 
en esta Cuaresma y cada día que pasa 
porque luchan por cambiar el mundo y el corazón, 
y donde hay frío buscan el calor y la conversión, 
al Dios de la vida y de la salvación, 
y no sé yo si llorar o cantar, 
o qué sé yo. Amén.
 
(Pbro Lázaro Albar)

sábado, 25 de febrero de 2017

ORACION:¡ Cúanto amor!


 
¡CUÁNTO AMOR!

Oh, Sol de mi noche, 
Resplandor del cielo, 
Cristo vivo y resucitado, 
puesto ante mis ojos 
para caer de rodillas en adoración, 
cuando reina el silencio 
y las estrellas cubren el firmamento, 
¡cuánto amor!

Pan de mi corazón, 
alimento de mi alma, 
alegría de mi despertar, 
eres fuego que me enciendes, 
llama ardiente, 
la única voz de la noche, 
¡cuánto amor!

Tus rayos alcanzan mi alma, 
y a todos los justos que aprendieron a amar a tus pies, 
mis manos se elevan para abrazarte, 
todo mi ser te anhela, en la intimidad, 
verdadera amistad porque ya me llamas amigo, 
¡cuánto amor!

¿Qué quieres de mí? 
Me ofrezco a ti como hostia santa, 
como pobre barro manchado por el pecado, 
y tú vienes a mí en oleadas de perdón, 
lluvia de infinita misericordia 
que me baña en el silencio de la noche, 
Belleza sin igual, 
¡cuánto amor!

Tan solo puedo mirarte y decirte: 
¡cuánto amor!
 
(Pbro Lázaro Albar Marín)

ORACION: Te busco, Santísima Trinidad.


TE BUSCO, SANTÍSIMA TRINIDAD

Te busco, Santísima Trinidad, 
te busco con toda la sed de mi alma, 
para descansar en vuestro corazón, 
para poner mi corazón en sintonía con el tuyo, 
en un beso y abrazo de alianza 
que dure por toda la eternidad.

Los quehaceres de la vida, 
las injusticias que matan el espíritu 
y me dejan como derribado en la lucha de cada día, 
me hacen perecer, me dejan como muerto, 
entristecido, angustiado y preocupado.

Entonces escucho el grito del buen pastor que me dice: 
«Venid a mí todos que estáis cansados y agobiados, 
que yo os aliviaré», 
entonces corro hacia ti, impulsado por el Espíritu Santo 
para tirarme en tus brazos 
como oveja herida en el combate de la vida, 
buscando la santidad y la plenitud de vida.

Tú me coges entre tus brazos, 
me curas las heridas con tu amor crucificado, 
con el perfume embriagador del Espíritu Santo 
que todo lo fortalece y deja ungido
y marcado con la llama de su amor divino,
y me dejas postrado a los pies de Dios Padre 
que tomándome de mi mano me levanta, 
me pone el anillo de la dignidad de hijo, 
la túnica de fiesta y me introduce en su Cena Eucarística 
que no tiene fin, donde el cielo se une a la tierra, 
y mi corazón al corazón de Dios. Amén.

(Pbro Lázaro Albar Marín)